Leonor García, Código Origen

Yo conocí a Bea en unas escaleras de tres peldaños salientes del despacho de la que en ese momento era nuestra jefa.

Haciendo memoria de ese momento, lo que llamó mi atención fueron sus pelos y sus pies. Advertí su cara pasados unas semanas, a mi vuelta de un viaje de trabajo.

Con el tiempo, cuando pienso en ella acerco sus ojos a mi memoria porque ellos me concentran su relato personal: atentos rastreadores, intensos analíticos y abandonados a la empatía.

Así me acompaña.

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